Los tokens son el alma de la blockchain; una cadena de bloques sin ellos está incompleta. En torno a los tokens surgió el concepto de «tokenómica», considerado de potencial ilimitado y calificado como un transformador de las relaciones de producción en la nueva era.
Sin embargo, la inmensa mayoría de los proyectos de tokenómica que vemos hoy han fracasado. Este artículo comienza explicando la clasificación básica de los tokens para analizar por qué fallan la mayoría de estos proyectos y todo lo relacionado con este tema.
I. Clasificación de los tokens
En 2018, la Autoridad Suiza de Supervisión del Mercado Financiero (FINMA) clasificó los tokens según sus distintas funciones económicas. Este método ha recibido amplia aceptación internacional. Concretamente, los tokens se dividen en tres categorías:
1. Tokens de pago (payment tokens): Son un medio de intercambio utilizado para transferir valor con el fin de adquirir bienes o servicios, ya sea en el presente o en el futuro.
2. Tokens de utilidad (utility tokens): Existen en forma digital y se utilizan principalmente para acceder a aplicaciones o servicios desarrollados sobre una infraestructura blockchain.
3. Tokens de activo (asset tokens): Están respaldados por activos específicos, como deudas o acciones que los tenedores pueden reclamar al emisor, ingresos futuros de una empresa o una participación en flujos de activos. Desde una perspectiva económica, estos tokens son análogos a acciones, bonos o derivados.
En esencia, los tokens son portadores de valor. A través de la blockchain, se tokenizan valores, derechos y activos físicos. Pueden representar un derecho —como el derecho a dividendos, propiedad o crédito—; pueden simbolizar un activo, como la representación en cadena de activos físicos (vinculándose así a los tokens de activo); pueden funcionar como moneda, como BTC o USDT (asociándose a tokens de pago); pueden actuar como una moneda interna dentro de una aplicación o servicio —como hacen muchos DAPP que emiten sus propios tokens (correspondiendo a tokens de utilidad)—; e incluso pueden representar cualquier cosa valiosa, como la atención.
No obstante, algunos tokens combinan múltiples categorías. Por ejemplo, las monedas nativas emitidas por exchanges suelen estar respaldadas parcialmente por las ganancias de la plataforma, lo que les otorga atributos financieros, pero al mismo tiempo los exchanges crean numerosos casos de uso para ellas, dándoles valor práctico.
De los tokens nació el concepto de «tokenómica», al que se atribuye un potencial ilimitado. Sus características principales incluyen aprovechar las propiedades intrínsecas de los tokens para crear ecosistemas más robustos, modelos de captura de valor más eficientes, bases de usuarios más amplias y formas masivas de creación distribuida de valor —un principio que encarna el espíritu de la colaboración de código abierto.
Actualmente, los sistemas de tokens incluyen modelos de token único, doble token y triple token. El modelo de token único es el más común y lo adoptan la mayoría de los proyectos. MakerDAO es el principal representante del modelo de doble token, mientras que Steemit ejemplifica el modelo de triple token.
Existe otra clasificación que divide los tokens en dos grandes categorías con cuatro subcategorías:
Primera categoría: Tokens de utilidad (utility tokens).
Tokens de producto o servicio (use of product), que representan el derecho a usar un producto o servicio ofrecido por una empresa.
Tokens de recompensa (reward tokens), otorgados a los usuarios como premio por sus acciones.
Segunda categoría: Tokens de seguridad (security tokens).
Tokens de participación (equity tokens), similares a acciones o bonos corporativos.
Tokens de activo (asset tokens), que representan activos del mundo físico, como bienes inmuebles u oro.

El modelo de tokenómica del que se suele hablar se refiere principalmente a los tokens de recompensa. Mediante el diseño cuidadoso de mecanismos de incentivos, se busca motivar a los grupos objetivo, favoreciendo así un mejor desarrollo del ecosistema, una mayor captura de valor, una base de usuarios más amplia y una colaboración sólida a gran escala.
En términos simples, los tokens de recompensa pueden entenderse como puntos de fidelidad, pero con mayor transparencia, liquidez y expectativas de revalorización. A continuación, nos centraremos principalmente en los modelos de incentivos basados en tokens de recompensa.
Está claro que, excepto en el caso de los tokens de recompensa, no es necesario diseñar modelos complejos de tokenómica; basta con estructurar adecuadamente la distribución, circulación y retirada de los tokens.
Por ejemplo, en el caso de los exchanges, son suficientes funciones como el descuento en comisiones, la recompra con beneficios y la creación de diversos casos de uso. Lo fundamental es el crecimiento propio del exchange: diseños sofisticados del modelo no cambian su esencia.
Algunos tokens representan activos o derechos, como las acciones, y tampoco requieren diseños complejos: basta con garantizar una correspondencia uno a uno.
II. El atractivo de los incentivos
Muchos opinan que la blockchain permitirá una colaboración sólida y a gran escala entre humanos, lo que supondría una transformación radical de las relaciones de producción. En esta transformación, los tokens desempeñan un papel crucial como vínculo indispensable.
Los mecanismos de incentivo en blockchain comenzaron con Bitcoin.
La red Bitcoin logró, por primera vez a través de su funcionamiento automatizado, una colaboración masiva, sólida y espontánea entre personas. Uno de sus factores clave fue precisamente su mecanismo de incentivos, razón por la cual ha sido ampliamente imitado por numerosos proyectos.
Hoy, la minería de Bitcoin ha dado lugar a una industria enorme, con empresas cotizadas como Canaan Creative y gigantes fabricantes de equipos como Bitmain.
Sin embargo, el éxito de Bitcoin depende de múltiples factores inherentes, especialmente su condición de pionero. Simplemente imitar su mecanismo de incentivos no garantiza el éxito de un proyecto. De hecho, muchos proyectos que hicieron fork de Bitcoin han desaparecido casi por completo, y los pocos que sobreviven lo hacen gracias a características únicas propias.
FCoin introdujo la minería de transacciones, cuyo efecto incentivador generó gran notoriedad y atrajo una atención extraordinaria. Su esencia radica en el efecto de enriquecimiento, pero el tráfico generado no crea valor real: son incentivos por el mero hecho de incentivar, sin un propósito funcional. Cuando desaparece el efecto de enriquecimiento y el token carece de un respaldo de valor real, el sistema colapsa inevitablemente.
La ola de plataformas de contenido impulsada por Bibi (BitKan) también atrajo una atención considerable. Al principio, los grandes influencers («big V») podían ganar hasta 200.000 yuanes al mes, acumulando decenas de miles en pocos meses. Este efecto de lucro generó una oleada de creación de contenido que, al igual que la minería de transacciones, provocó una avalancha de imitaciones por parte de otras plataformas. Sin embargo, aparte de Force Field (LIC), la mayoría de estas plataformas inspiradas en el modelo de Bibi han desaparecido por completo.
Durante la ola de DAPP a finales de 2018, los proyectos de juegos de azar («gambling») surgieron espectacularmente gracias al efecto de enriquecimiento de sus mecanismos de incentivo, atrayendo miradas de todo el mundo. No obstante, la mayoría de los usuarios atraídos por dichos incentivos no eran usuarios objetivo capaces de generar valor real, sino mineros especulativos. Finalmente, el ecosistema DAPP se convirtió en un juego especulativo donde primaba la velocidad, dejando a quienes no pudieron retirarse a tiempo a merced del destino.
Todos estos modelos de tokens obtuvieron una enorme atención gracias al efecto de enriquecimiento y lograron excelentes resultados en su arranque inicial («cold start»), pero la mayoría acabaron fracasando. Esto demuestra claramente que un producto no puede triunfar únicamente por los efectos incentivadores de los tokens.
Del mismo modo que el éxito de Bitcoin no se debe únicamente a su mecanismo de incentivos.
III. El propósito de los incentivos
Los incentivos son solo un medio; la verdadera meta es la colaboración.
El objetivo final es alcanzar ciertos resultados a través de esa colaboración, la cual se impulsa precisamente mediante mecanismos de incentivos.
Esos resultados deben tener un valor directo o indirecto, o al menos un potencial de valor a largo plazo. Su razón de ser es crear valor; de lo contrario, los incentivos se convertirían en un mero formalismo sin sentido ni sostenibilidad.
La colaboración busca crear valor, y para ello el proyecto necesita un modelo de negocio viable.
También pueden incluirse actividades que mejoren la eficiencia del modelo, como optimizar infraestructuras, reducir fricciones en las transacciones, aumentar la eficiencia operativa o construir marca. Aunque no generan ganancias directas, sí aportan valor; sin embargo, su peso no debería ser excesivo en un modelo tokenizado maduro.
Algunos proyectos tienen modelos de negocio que, a corto plazo, no logran cerrar su ciclo comercial. En esos casos, es crucial que exista una posibilidad realista de lograrlo a largo plazo, o que puedan generar sinergias con otros negocios, aportando valor a proyectos más grandes. Estos escenarios exigen un equipo con capacidades excepcionales.
Sea cual sea el modelo tokenizado, nunca debe desligarse del modelo de negocio subyacente. No todos los proyectos pueden aspirar a ser como Bitcoin —cuya supervivencia depende únicamente del consenso—, y ni siquiera Ethereum ha resuelto completamente su captura de valor. Entonces, ¿qué justifica que otros proyectos ignoren su sustento comercial para hablar solo de sueños?
En el artículo «La paradoja de la economía tokenizada: mecanismos de incentivos, producción social y poscapitalismo», publicado en «Zen y el arte del mantenimiento cósmico», los comportamientos impulsados por tokens tipo puntos se clasifican en tres categorías:
1. Microtareas (micro task): tareas muy simples, realizables tanto por personas como por máquinas, como etiquetar imágenes para entrenar IA, registrarse al iniciar sesión, reenviar mensajes o usar bicicletas compartidas (como las «bicicletas amarillas»).
2. Tareas intermedias: actividades estandarizadas que requieren cierta competencia, como escribir artículos en Steem, dar «me gusta» a contenidos o ejecutar operaciones en un exchange.
3. Tareas complejas (bounty): recompensas por desafíos, con alta exigencia y naturaleza no estandarizada. El ejemplo más claro es contribuir con código al proyecto o actuar como nodo comunitario.
Esta clasificación ayuda a entender mejor la idea de colaboración: a través de incentivos, se suman pequeñas contribuciones individuales para formar una fuerza colectiva que logre objetivos y cree valor.
IV. Errores comunes sobre los incentivos
En los análisis sobre cómo la economía tokenizada transforma las relaciones de producción, hay una frase muy repetida: «el usuario es también propietario».
Cuando los usuarios emplean un producto y reciben tokens como recompensa —y dado que estos otorgan derechos de propiedad—, se convierten automáticamente en dueños de la plataforma. Así, se forma una comunidad de intereses entre usuarios y producto, lo que los incentiva a promocionarlo y contribuir a su desarrollo. Los tokens crean un vínculo fuerte entre usuario y producto, convirtiéndose en un método eficaz para captar usuarios genuinos.
Pero, como ya se imaginan, hay un «pero».
La realidad no es tan sencilla.
Que los usuarios obtengan tokens al usar el producto no significa que los vayan a conservar. Lo más probable es que los vendan de inmediato para conseguir dinero fiduciario u otros tokens más establecidos.
Incluso si deciden retenerlos, ¿eso los hace parte de una comunidad de intereses? Lo más probable es que los guarden con fines especulativos, buscando rentabilidad financiera, no porque compartan los objetivos del proyecto.
Es muy posible que ni siquiera investiguen su proyecto: simplemente lo verán como un lugar para obtener recompensas. Su lealtad dependerá exclusivamente de esos incentivos y fluctuará según su cuantía.
A menos que…
¿A menos que qué?
A menos que su producto ofrezca una ventaja competitiva real. No hace falta ser el mejor, pero tampoco puede quedarse muy atrás. Si al principio no puede competir, los incentivos pueden compensar esa debilidad, ayudándole a ganar usuarios iniciales y tiempo para desarrollarse.
Sin embargo, si el producto es deficiente, en cuanto los incentivos se reduzcan o desaparezcan, el proyecto estará al borde del colapso: no generará valor real para los usuarios ni despertará su apego genuino. Los incentivos por sí solos no garantizan el éxito duradero de un producto.
Entonces, ¿qué es lo realmente importante?
Así como Bitcoin no triunfó solo por sus incentivos, ningún producto lo hará. Lo esencial sigue siendo la calidad y el valor intrínseco; de lo contrario, todo será una ilusión pasajera.
Mientras se atraen usuarios con incentivos, es crucial mejorar continuamente el producto, generar valor tangible y hacer que los usuarios confíen en su potencial. Solo así estarán dispuestos a conservar los tokens a largo plazo e incluso a convertirse en defensores y constructores activos del proyecto.
Construir consenso entre los usuarios es clave, pero lo fundamental es si uno mismo es capaz de merecerlo.
V. La otra cara de los incentivos
Aunque los incentivos fomentan la colaboración y, con ella, la creación de valor, ningún sistema puede basarse solo en ellos.
Cometer errores debe tener consecuencias; violar las reglas, sanciones. En cualquier sistema, es imposible que todos actúen correctamente siempre.
Un sistema que solo premia y no castiga parte de una premisa errónea: que la naturaleza humana es intrínsecamente buena y que nadie actuará en su propio beneficio dañando el ecosistema. En la práctica, eso no se cumple.
Cuando una conducta beneficia al usuario pero perjudica al ecosistema, y no hay un mecanismo disuasorio, esa conducta se generalizará, causando un daño continuo.
Al diseñar mecanismos tokenizados, es crucial evitar este punto: la contradicción entre los intereses individuales y los colectivos del ecosistema.
Los incentivos tokenizados descentralizados están abiertos a todos, pero no todos serán constructores o guardianes: muchos serán simples participantes, y algunos incluso actuarán como agentes destructivos. Por eso, cualquier modelo tokenizado a gran escala debe incluir mecanismos de sanción para frenar comportamientos nocivos.
Diseñar reglas que alineen los intereses individuales con los del ecosistema es fundamental: se trata de incentivar la colaboración para crear valor, no de premiar conductas que lo destruyan o erosionen.
En lenguaje coloquial: explotar vacíos legales o «ordeñar» la plataforma. Si un mecanismo de incentivos tokenizados no incluye medidas efectivas contra estas prácticas, las consecuencias pueden ser desastrosas.
VI. Las múltiples caras de la incentivación
Los incentivos monetarios son solo una parte de la ecuación. Muchas personas y comportamientos no se mueven únicamente por recompensas económicas. Por eso, los proyectos deberían diseñar mecanismos de incentivos que aborden múltiples dimensiones.
Las necesidades humanas son complejas y están organizadas en distintos niveles. Los factores que nos motivan también deberían serlo, sin reducirse solo al aspecto financiero.
En los primeros días de Bitcoin, cuando aún no tenía un valor de mercado claro, actividades como la minería o la promoción del proyecto se hacían por puro interés intelectual. No había un incentivo económico directo; la motivación provenía de ideales como la soberanía financiera, la libertad y la privacidad.
Tras el aumento significativo en el precio de Bitcoin, atrajo a un grupo de mineros profesionales que han contribuido enormemente a la seguridad de la red. Sin embargo, su objetivo principal es claro: obtener ganancias a través de la minería. En este caso, sí responden directamente a los incentivos monetarios.
Asimismo, hoy existe un grupo de personas que, al poseer Bitcoin, promueven activamente su adopción. Su motivación principal no es que Bitcoin sea "genial" ni que participen directamente en la minería, sino lograr que más gente lo conozca y lo use. Esto eleva su precio, lo que les reporta beneficios económicos, además de reconocimiento público y seguidores —recompensas implícitas adicionales.
Si observamos el sistema de Bitcoin en su conjunto, la incentivación es solo una pieza del engranaje, implementada directamente a través del propio Bitcoin. Sin embargo, esta pieza es crucial: gracias a ella, se integran talentos diversos, recursos y capital, permitiendo que el ecosistema crezca hasta alcanzar una escala masiva.
Pero Bitcoin posee además muchas otras cualidades excepcionales: control absoluto sobre los fondos, oferta máxima fija (sin emisión adicional), transferencias sin fronteras, protección de la privacidad, y una red extremadamente robusta, fiable y segura. Además, fue la primera implementación exitosa de una moneda digital, lo que le otorgó una posición dominante en la mente colectiva. Todos estos elementos conforman el valor único de Bitcoin y son la base sobre la que su sistema de incentivos resulta efectivo. A medida que el volumen de capital gestionado por Bitcoin aumenta, se consolida también el consenso sobre su papel como "reserva de valor", escribiendo así otra página única en su historia.
Desde la perspectiva de su sistema, el mecanismo de incentivos de Bitcoin es claramente multidimensional y multinivel, y no se limita al factor monetario. Por lo tanto, los proyectos deberían explorar nuevos mecanismos de incentivación alineados con la naturaleza humana, capaces de atraer a usuarios con distintas necesidades y perfiles, para formar así comunidades más amplias y sólidas.
VII. ¿Dónde aplicar los tokens de incentivo?
En teoría, cualquier cosa de valor puede tokenizarse. Sin embargo, cuando hablamos de modelos económicos basados en tokens, nos referimos específicamente a los tokens de incentivo o recompensa, cuyo uso no es apropiado para todos los ámbitos.
La colaboración mediante incentivos consiste precisamente en sumar pequeñas contribuciones individuales para generar un valor colectivo mayor. Por tanto, los ámbitos idóneos para la economía tokenizada son aquellos donde la participación masiva de usuarios, estimulada por incentivos, puede crear valor real, y donde los comportamientos incentivados están alineados con la naturaleza humana.
Un claro ejemplo de un ámbito inadecuado fue el auge de las DApps de apuestas ("gambling") en EOS. En su momento, la economía tokenizada atrajo una enorme atención y muchos usuarios hacia estas aplicaciones, dando incluso la impresión de que todo el ecosistema cripto se había convertido en una sala de juego. Sin embargo, esto fue solo un efecto especulativo de ganancias rápidas: la gente no se convierte en jugadora habitual solo porque existan incentivos.
Esto va en contra de la lógica humana: para crear valor genuino, una DApp de apuestas debería atraer a jugadores reales, no a "mineros" especulativos. Pero, ¿se pueden atraer verdaderos jugadores solo con incentivos? Además, ¿no resulta demasiado alto el umbral de entrada?
El número total de usuarios en el ecosistema cripto es limitado, y la proporción de personas con inclinación al juego es aún menor. Por tanto, es imposible mantenerse solo atrayendo a jugadores reales dentro de este ecosistema, y mucho menos a jugadores externos. Este es un caso evidente de un ámbito inadecuado para la incentivación mediante tokens.
Tres criterios clave para evaluar si un ámbito es apto para los tokens de incentivo: 1) el comportamiento incentivado debe estar alineado con la naturaleza humana; 2) debe existir una base de usuarios mínima; y 3) dicho comportamiento, al sumarse, debe generar valor real.
La incentivación es solo un componente de un sistema mayor. No se puede lograr el éxito de un producto basándose únicamente en mecanismos de incentivos. Lo fundamental es crear valor real, ganarse el reconocimiento de los usuarios, convertirlos en verdaderos dueños, integrar las fuerzas colectivas y lograr una colaboración intensa y escalable. Así es como se materializa una auténtica transformación de las relaciones de producción.
Esperemos juntos la llegada de la era en que la economía tokenizada impulse una transformación profunda de las relaciones de producción.
