Las inversiones a largo plazo exigen una mirada hacia el futuro. A menudo escuchamos que "el futuro ya está aquí", pero ¿en qué consiste exactamente? ¿Cómo será? Es difícil predecirlo con certeza. Sin embargo, es un ejercicio necesario que debemos practicar constantemente: imaginar cómo será el mundo dentro de un año, de cinco o de una década.
¿Qué transformaciones experimentarán la sociedad, la economía, la tecnología, los negocios, el medio ambiente o incluso nuestra vida cotidiana? Reflexionar sobre esto es crucial tanto para inversores como para emprendedores. En los últimos años, conceptos como Web3, DAO y el metaverso han acaparado la atención, precisamente porque encarnan ese futuro que se vislumbra en el presente.
Basta con revisar el pronóstico publicado por Gartner en julio de 2022 sobre el ciclo de adopción de tecnologías blockchain. Según su informe, al metaverso le tomará más de 10 años pasar de la fase de innovadores a la madurez industrial, mientras que a DAO y Web3 les llevará entre 5 y 10 años. Desde la perspectiva de la inversión temprana, este es justo el momento ideal para que los inversores empiecen a posicionarse y los emprendedores a construir.

Hasta ahora, las plataformas e instituciones centralizadas han resuelto muchos problemas, mejorado la eficiencia y potenciado el desarrollo del ecosistema digital, sobre todo aprovechando el llamado "efecto de red". No obstante, aunque Web2 solucionó ciertos desafíos, también creó otros nuevos: fugas de identidad, opacidad y falta de control sobre los datos personales, violaciones de privacidad e incluso robos que ponen en riesgo la seguridad patrimonial.
Las ventajas asimétricas de las grandes plataformas, los monopolios y otros factores han hecho que los usuarios pierdan libertad y confianza. Innovaciones como las bases de datos distribuidas, los contratos inteligentes, la computación privada, las identidades digitales autosoberanas y el almacenamiento descentralizado buscan resolver estos problemas y llevar Internet un paso más allá. De ahí el impulso hacia Web3.
Junto con Web3, DAO y el metaverso trazarán los contornos de un nuevo futuro. Estos tres pilares impulsarán infraestructuras más innovadoras, desmontarán modelos de negocio tradicionales y reconstruirán sistemas económicos y organizativos, dando forma a nuevos paradigmas comerciales que acelerarán el progreso de la civilización humana. Podríamos decir que Web3 es la infraestructura del futuro, DAO su forma de organización económica y el metaverso, el futuro de la experiencia vital.
Hoy, muchos proyectos en el mercado se autodenominan Web3, pero la mayoría solo rozan el concepto o implementan capas técnicas básicas. Son fragmentos de un todo mayor. La situación recuerda a la parábola de los ciegos y el elefante: cada uno describe una parte, pero nadie capta la imagen completa. De hecho, esa imagen total aún no existe; se está construyendo constantemente a través de la innovación.
Sin embargo, hay tres elementos clave que impulsan la evolución de Web3.
El primero es la inteligencia artificial (IA) junto con la tecnología de contratos inteligentes. Al hablar de IA, algunos podrían pensar que es una tecnología antigua. Si bien lleva décadas desarrollándose, hasta ahora se ha limitado a ámbitos especializados, como el reconocimiento de imágenes. No obstante, un cierto grado de IA es fundamental para Web3. Conceptos como la "web semántica" (Semantic Web) o la "web espacial" (Spatial Web), muy mencionados en Occidente, dependen de ella para materializarse. En todos los escenarios de aplicación de Web3, los datos deben procesarse mediante algoritmos inteligentes; cuanto más potente sea la IA, mejor será la experiencia de usuario.
El segundo elemento es la computación distribuida o perimetral (edge computing), cuyo alcance es aún más amplio. Dado que los datos en Web3 provienen de fuentes distribuidas y los cálculos privados deben realizarse localmente, cada nodo debe tener capacidad completa de procesamiento y almacenamiento. Por lo tanto, la computación perimetral es una base esencial.
El tercero es la red de datos distribuida. Aquí, "red" se refiere a la estructura misma de los datos, que debe basarse en protocolos similares a blockchain y mecanismos de consenso definidos. El origen, la verificación y la validación de los datos deben automatizarse mediante código sobre una arquitectura de base de datos distribuida.
Estos tres elementos son los cimientos de Web3. Imaginemos un coche autónomo dentro de tres años: equipado con una IA adecuada, podrá conducirse por sí solo. Ese vehículo sería un nodo completo de computación perimetral, capaz de procesar datos de otros nodos y transmitir los suyos propios de manera eficiente. Mientras tanto, el conductor observará el mundo a través de un parabrisas con realidad aumentada, sumergido en su propio metaverso.

La lógica de Web3 es, en el fondo, sencilla e intuitiva: la autonomía del usuario, que equivale a descentralización. Por eso muchos la describen como "descentralizada", aunque su núcleo es precisamente dar el control al usuario. Lograr esto técnicamente requiere múltiples infraestructuras innovadoras. Una vez maduras, las aplicaciones nativas de Web3 florecerán. Así, Web3 busca garantizar la autonomía total del usuario y, sobre esa base, generar nuevos modelos de negocio y formas de actividad económica.
Más allá de su lógica, podemos comparar Web3 con un sistema operativo. Su capa inferior se basa en tecnologías de libro mayor distribuido y bases de datos distribuidas, análogas al sistema de archivos y de entrada/salida (I/O) de un SO, correspondiendo a la Capa 1 (Layer 1) de blockchain, encargada de estructurar los datos.
El almacenamiento distribuido equivale al sistema de archivos; la computación distribuida corresponde a la CPU, responsable de los cálculos; y la transmisión distribuida de datos es análoga al sistema I/O.
La CPU, el sistema de archivos y el I/O son elementos básicos de cualquier sistema operativo, igual que esta capa inferior lo es para Web3. ¿Hará falta un único protocolo unificador para construir Web3? En nuestra opinión, no es necesario: Web3 debería estar compuesta por módulos funcionales protocolizados, escalables y combinables, como piezas de Lego. Con suficientes componentes, cualquiera podrá construir su producto final.

Además de la infraestructura descrita, Web3 tiene dos aspectos clave aún difíciles de resolver: la identidad digital descentralizada y la computación privada. Ambos están estrechamente relacionados.
La identidad digital no es un tema nuevo. En Web3, el DID (Identidad Descentralizada) es un requisito básico indispensable: sin ella, no se puede acceder a nada ni realizar ninguna acción, y nadie podría identificarte. Por tanto, la identidad (ID) es la base más crítica: sin ID, no hay activos. En una red Web3 nativa, la ID suele estar ligada a una dirección de wallet, pero obviamente esa dirección no es una identidad única. Las identidades descentralizadas permiten, por definición, múltiples IDs, que pueden descomponerse y recombinarse. La reputación y credibilidad de cada ID deben validarse a través de los datos generados por sus interacciones, atribuyéndose finalmente a ella. Así, incluso con múltiples IDs, sus combinaciones pueden dar lugar a distintos escenarios y modelos de negocio.
Además de las IDs nativas de Web3, las identidades de Web2 también deben evolucionar, incorporando una capa de protección de privacidad y computación privada. La computación privada fue propuesta en 1985 por S. Goldwasser mediante pruebas de conocimiento cero (zero-knowledge proofs). En 1987, O. Goldreich y otros desarrollaron la computación segura multipartita, basándose en los trabajos del profesor Andrew Yao. Combinada con técnicas como el cifrado homomórfico y el aprendizaje federado, la computación privada se aplica cada vez más en escenarios de protección de datos, no solo en Web3, sino también en salud, finanzas, administración pública y cadena de suministro, donde ya hay casos de uso reales.
Una vez clara la arquitectura técnica de Web3, la tendencia futura será construir aplicaciones sobre esta infraestructura, todas alimentadas por datos de redes distribuidas. Esto dará lugar a las aplicaciones que conocemos: NFT, DeFi, metaverso, economía de creadores, medios descentralizados, redes sociales descentralizadas, sistemas de crédito descentralizados, etc., es decir, las DApps.
Dentro del ecosistema Web3, otro elemento crucial es la nueva forma de organización. Actualmente, DAO parece la arquitectura más adecuada para desarrollarla. Su lógica central es transformar el concepto tradicional de "accionista" (shareholder) en el de "partícipe" (stakeholder), es decir, "todos para uno y uno para todos". Sus funciones pueden adaptarse dinámicamente a los objetivos de la organización mediante contratos inteligentes, que actúan como piezas de Lego que los miembros ensamblan según reglas establecidas. Los derechos, responsabilidades y beneficios de cada miembro se definen por su contribución, reputación y participación, creando así su propia "identidad vinculada al alma" (soulbound identity).
En definitiva, Web3 moldea el futuro a través de su lógica descentralizada, que se traduce en autonomía del usuario. Pero si ampliamos la perspectiva, quizás Web3 busque explorar precisamente aquello que "ni siquiera sabemos que desconocemos". Tradicionalmente, lo que conocemos es conocimiento; lo que sabemos que ignoramos lo buscamos en Google (Web2). Lo que ignoramos que conocemos lo descubrimos gracias a la IA en plataformas como Amazon o Facebook (Web2). Finalmente, queda ese territorio desconocido por explorar: ahí podría estar la verdadera oportunidad de Web3. ¡Esperamos construir juntos ese futuro!

