(El autor, Zhang Nandi Yang, es Director del Instituto Nacional de Estrategia para el Desarrollo de la Universidad Popular de China, sucursal de Qingdao, y Profesor Asociado de la Escuela de Administración Pública)
En los últimos días, la Cruz Roja de Wuhan ha sido objeto de numerosas críticas en Internet.
La pregunta que muchos se hacen es: «Si se han donado tantos suministros, ¿cómo es posible que aún falten? ¿El problema es la insuficiencia de donaciones o la ineficacia en la distribución?». Aunque algunos informes señalan que la empresa 九州通 (Jiuzhou Tong) está ayudando a la Cruz Roja de Wuhan a gestionar los materiales médicos, mejorando así la eficiencia, aún se desconoce con precisión el volumen total de donaciones recibidas y qué porcentaje cumple con los estándares requeridos. Tampoco está claro cómo ha impactado esta mejora logística en el abastecimiento de los hospitales de primera línea. Estos datos siguen siendo una incógnita.
I. Superar el estado primario de la sociedad de la información: la necesidad de datos completos, veraces y fiables
Para formarse una visión completa de la realidad, es esencial contar con información integral, veraz y confiable. Sin embargo, el panorama informativo actual dista mucho de cumplir este requisito. Por el contrario, se caracteriza por su fragmentación y por una fiabilidad muy desigual, lo que supone un gran desafío para quienes buscan entender la situación en su totalidad.
La «fragmentación» se refiere a que la información y los datos provienen de múltiples fuentes distintas que no están integradas entre sí, sino que contribuyen de forma aislada —cada una con su propio estilo y preferencias— al vasto océano de datos. En sí mismo, esto no es un problema: es la naturaleza misma de la sociedad de la información. El problema surge cuando necesitamos una visión completa de un acontecimiento, o incluso solo una parte relativamente coherente del mismo. En ese caso, este estado primario de la información resulta de poca utilidad.
Lo más peligroso es que la necesidad de información no desaparece por el hecho de que esta esté fragmentada. Especialmente en situaciones de emergencia, la ansiedad colectiva intensifica la sed de datos veraces, acelerando el ritmo al que la gente intenta unir esos fragmentos. Cuando no hay herramientas tecnológicas accesibles, se recurre al método más primitivo para ensamblarlos.
Eso es precisamente lo que hemos visto durante esta pandemia: una proliferación de rumores. Para intentar entender la situación, la gente combina opiniones dispersas, rumores y mensajes de canales oficiales y medios de comunicación. Donde la combinación falla o no encaja, inevitablemente se recurre a la imaginación y la especulación para llenar los vacíos. Y cuando ni siquiera eso logra cerrar las lagunas lógicas, estas se convierten en caldo de cultivo para el pánico y la desinformación.
La «fiabilidad» se refiere al grado en que la información es considerada digna de confianza. Incluso si los datos son completos, de poco sirven —e incluso pueden generar confusión— si no son fiables o si su veracidad no puede verificarse. Este es justo el caso de las críticas a la Cruz Roja. Aunque, en teoría, la recepción centralizada de materiales por parte de esta organización debería ser más eficiente que la recepción dispersa por parte de entidades civiles, cuando la institución enfrenta una crisis de confianza, sus ventajas teóricas se debilitan considerablemente. Por tanto, las explicaciones que ofrece sobre el panorama general, aunque puedan ser lógicamente coherentes, pierden gran parte de su credibilidad.
En momentos de crisis, además de ser completa, veraz y fiable, la información debe actualizarse en tiempo real. Las situaciones críticas evolucionan constantemente; por tanto, los datos estáticos o desactualizados no permiten comprender adecuadamente la evolución de los hechos, ni sirven para una toma de decisiones gubernamental eficaz, ni facilitan el derecho ciudadano a la información y a la supervisión.
Para hacer frente a la pandemia, no solo necesitamos datos procedentes de múltiples departamentos, sino información de todo el proceso; no solo datos procesales, sino información en tiempo real. Además, esta información debe estar abierta a la consulta pública, garantizando así su integridad, actualidad, transparencia y apertura.
Volviendo a la pregunta inicial: «Si se han donado tantos materiales, ¿por qué siguen escaseando en los hospitales de Wuhan?». Un simple cálculo matemático podría dar la respuesta. ¿Cuál es la demanda total de los hospitales de Wuhan? ¿Cuál es el volumen total de donaciones recibidas? ¿Y cuánto de ese total cumple con los estándares exigidos? Al comparar estas dos cifras, queda claro si hay escasez o exceso de oferta. Si, en conjunto, la oferta supera la demanda, pero los hospitales de primera línea reportan una escasez crítica, eso indica que hay problemas en los eslabones de la cadena de distribución. Pero para realizar este cálculo elemental, se necesitan los datos correspondientes.
II. Blockchain + respuesta a la pandemia: el caso de uso de la donación y distribución de materiales
Con las herramientas tecnológicas tradicionales, probablemente sea muy difícil satisfacer todos nuestros requisitos de datos mediante una única solución. Por eso, durante mucho tiempo, la integración profunda, la apertura, la actualización en tiempo real y el intercambio de información han sido poco más que ideas idealizadas. Esto cambió cuando la tecnología blockchain entró en el campo visual de los gestores públicos.
Como fenómeno reciente, la tecnología blockchain tiene apenas 11 años de existencia a nivel mundial. El 31 de octubre de 2008, Satoshi Nakamoto publicó el artículo «Bitcoin: un sistema de efectivo electrónico punto a punto», introduciendo por primera vez la idea de utilizar blockchain para realizar transacciones directas sin intermediarios.
Blockchain admite múltiples aplicaciones prácticas, cuyas formas de implementación y arquitecturas varían según el caso. Su aplicación en la gestión pública es relativamente reciente y su campo de acción sigue ampliándose. Por ejemplo, se utiliza en el sector de los seguros médicos para mejorar la seguridad del almacenamiento de datos clínicos; en sistemas internos gubernamentales para aumentar la eficiencia operativa; y en servicios públicos digitales, para agilizar trámites administrativos y desarrollar una administración pública inteligente.
No obstante, todas estas aplicaciones comparten una base común: aprovechan las ventajas técnicas inherentes a blockchain, como su capacidad para compartir información, su transparencia, su trazabilidad, su inmutabilidad y su naturaleza descentralizada.
Primero: resolver la «fragmentación» mediante una integración panorámica de datos. Ante el desafío de la información fragmentada, blockchain permite integrar eficazmente datos de todo el proceso y de todos los departamentos implicados, ofreciendo una visión integral y permitiendo un rastreo completo.
Tomemos como ejemplo la donación y distribución de materiales. «Todo el proceso» se refiere al flujo completo, desde el donante hasta el beneficiario final, incluyendo toda la información logística, de almacenamiento, clasificación y entrega. Actualmente, estos eslabones no están integrados de manera efectiva. Con el soporte de blockchain, la información sobre los materiales donados puede registrarse en la cadena desde el momento en que ingresan al sistema logístico. Los datos del movimiento de los materiales, desde el remitente hasta el destinatario, son análogos al flujo logístico habitual. La información registrada puede ser extremadamente detallada: no solo incluye el nombre del artículo, el peso, el remitente, el destinatario y las direcciones, sino también especificaciones técnicas, cantidades y otros detalles relevantes.
Sin embargo, la información disponible en las empresas logísticas se limita al tramo entre remitente y destinatario. En emergencias de salud pública, el destinatario no siempre coincide con el beneficiario final; podría tratarse de una organización benéfica. Por ejemplo, en esta pandemia, la Cruz Roja ha aceptado donaciones públicas para luego redistribuirlas. Por tanto, que los materiales completen su trayecto logístico y lleguen al destinatario no garantiza que hayan alcanzado al beneficiario final.
Con el respaldo de blockchain, si el destinatario es una entidad intermedia, la información sobre los materiales seguirá registrándose una vez finalizada la fase logística. Se documentarán detalladamente los artículos recibidos, la fecha de entrada, la fecha y el destinatario de su retirada, así como todo el proceso de redistribución hasta el beneficiario final.
Gracias a blockchain, independientemente de cuántos eslabones intermedios existan entre donante y beneficiario, todos quedarán registrados. Esto resuelve eficazmente el problema de las rupturas informativas entre las distintas etapas. En cualquier momento será posible saber en qué fase se encuentra un material, si su distribución es oportuna y dónde se produce el cuello de botella, sin que ningún eslabón quede oculto en una «caja negra».
«Todos los departamentos» se refiere a todas las entidades involucradas: empresas logísticas, organismos gubernamentales, organizaciones benéficas y canales de entrega. La importancia de integrar los datos de todos estos actores es indudable, y también su dificultad. Si los datos de los departamentos implicados no se integran, resultará imposible mostrar una visión panorámica completa. El transporte logístico, la distribución conjunta por parte de gobiernos y organizaciones benéficas, y la entrega final deben coordinarse. Lo crucial es que ninguno de estos actores —logística, gobierno, organizaciones benéficas o canales de entrega— es un único departamento, sino múltiples, dispersos y numerosos agentes. Blockchain permite que los datos de múltiples sectores y departamentos se registren simultáneamente en la cadena, logrando así una integración panorámica de la información.
Segundo: datos fiables, trazables en todo momento e inmutables. En cuanto a la fiabilidad, blockchain resuelve los problemas de confianza mediante la participación de múltiples partes. El almacenamiento descentralizado permite guardar los datos en múltiples nodos, eliminando así el riesgo de pérdida total por la alteración de un nodo individual. Además, debido a la estructura de datos dentro de cada bloque, cualquier modificación haría que los valores hash superior e inferior dejaran de coincidir. Asimismo, cada acción de eliminación genera nuevos registros. Es decir, toda lectura, escritura, eliminación o consulta realizada sobre la cadena deja una huella indeleble. En este sentido, blockchain garantiza la inmutabilidad de los datos sobre el flujo de materiales de emergencia.
Tercero: identidad institucional transparente, datos transparentes y acceso abierto para toda la sociedad. Todas las instituciones y departamentos implicados figuran en la cadena con identidades transparentes. Toda actividad relacionada con la donación y distribución queda registrada, dejando huellas permanentes. Esto significa que la información de todos los participantes es pública y transparente desde el instante en que se registra, es inmutable y se almacena en múltiples nodos.
Al ser transparentes las identidades en la cadena, las responsabilidades quedan claramente definidas. Quien aporta los datos asume la responsabilidad principal. Esto eleva enormemente el costo de romper la confianza para los departamentos de origen, ya que cualquier intento de manipulación en la fuente equivale a una autoinculpación pública, permitiendo a la sociedad rastrear con facilidad el origen exacto del error. Este mecanismo ejerce una presión constante para que los actores actúen con honestidad.
La información logística sobre los materiales donados, su volumen total, su asignación y su distribución quedan registradas y expuestas en tiempo real, sin que ninguna institución pueda alterarlas. Por tanto, gracias a blockchain, cualquier ruptura en la cadena puede observarse en tiempo real por toda la red.
Más importante aún, con el apoyo de blockchain, la cadena de donación de materiales puede abrirse a la sociedad. Esta apertura se manifiesta en que cualquier persona puede obtener una identidad de usuario y consultar en cualquier momento la información registrada, logrando así exponer los datos a la luz pública y someterlos a la supervisión ciudadana.
III. Blockchain + gestión de crisis de salud pública: un marco técnico conceptual
En términos de clasificación, las blockchains se dividen principalmente en públicas, privadas y de consorcio. La blockchain pública se caracteriza por ser abierta y anónima: cualquier persona puede unirse como nodo y obtener permisos de lectura y escritura sobre los datos. Bitcoin, como todos sabemos, se basa en una blockchain pública. Sin embargo, este tipo de cadena tiene desventajas: depende de la potencia computacional para asignar el derecho a registrar transacciones, lo que conlleva un alto consumo energético y baja eficiencia; además, la identidad de los nodos es anónima y no es transparente, lo que en muchos escenarios de gestión pública resulta contraproducente. Por otro lado, las blockchains privadas no son abiertas en absoluto, por lo que tampoco satisfacen la necesidad de transparencia que exigen los entornos de administración pública.
La naturaleza semiabierta de las blockchains de consorcio las hace idóneas para numerosos escenarios de gestión pública, incluidos algunos casos concretos de manejo de crisis sanitarias. Esta semiaccesibilidad se refleja en que el número de nodos es limitado, sus identidades son transparentes y no todos los usuarios tienen permisos de lectura y escritura.
Por ejemplo, en el contexto de donación y distribución de materiales, existen dos posibles formas de implementar una arquitectura de "cadena de suministro" basada en blockchain:
La primera opción consiste en construir una cadena especializada que integre a todas las instituciones involucradas en la donación y distribución, desplegando múltiples nodos en cada una para formar una blockchain de consorcio. No obstante, esto plantea el problema de que, una vez superada la crisis, la cadena podría quedar infrautilizada.
La segunda opción implica crear cadenas independientes según categorías institucionales —por ejemplo, una para logística, otra para organismos gubernamentales, otra para organizaciones benéficas y otra para canales de distribución— formando así una red intercadena (cross-chain). Este enfoque facilitaría la organización interna de cada cadena y, tras la crisis, cada una podría reutilizarse en otros contextos. Sin embargo, el intercambio de datos entre cadenas requiere una inversión adicional para establecer mecanismos específicos de comunicación. La elección del modelo concreto exige un análisis y validación más profundos.
En cuanto a los permisos de usuario: si se emplea una única cadena y red, el nodo central puede ubicarse en una entidad gubernamental, lo que facilita la coordinación integral. En una red intercadena, cada cadena puede designar una institución para alojar su propio nodo central. Respecto a los permisos de lectura y escritura: las instituciones participantes poseen ambos, pudiendo registrar y consultar datos relacionados con la donación y distribución. El público general solo tiene permiso de lectura, lo que le permite acceder a la información y supervisar el proceso. Estos acuerdos pueden implementarse mediante contratos inteligentes. Así se aprovechan las ventajas técnicas de la blockchain con un modelo de recursos optimizado, al tiempo que se logra la transparencia de los datos. La posible sobrecarga del sistema por consultas masivas puede resolverse mediante nodos de acceso o nodos sociales de conexión.
Ya existen aplicaciones pioneras de este tipo en China: por ejemplo, el distrito de Yuzhong en Chongqing utiliza tecnología blockchain para rastrear productos agrícolas, desarrollando una solución de trazabilidad de la granja a la mesa que garantiza transparencia en cada etapa. El concepto tecnológico para rastrear donaciones es similar, aunque requiere ajustes según las necesidades específicas del escenario.
Cuarto: Otros escenarios potenciales de blockchain en la prevención y control de epidemias
La donación y distribución de materiales es solo un ejemplo. La blockchain puede brindar apoyo en muchos otros escenarios relacionados con la gestión de epidemias.
Por ejemplo, en la gestión de camas hospitalarias. El número total de camas disponibles, las ocupadas y las libres en cada hospital serían datos accesibles para todos los niveles, con permisos de lectura y escritura. Estos datos se actualizarían en tiempo real en la cadena tras cada alta o ingreso. Los grandes hospitales podrían integrar sus sistemas de reserva en línea, registrando los datos en la cadena. Así, el público podría consultar no solo la ocupación de camas, sino también el estado de las listas de espera, ajustando así sus estrategias médicas. De esta forma, el uso dinámico de camas en todos los hospitales se integraría en una plataforma única, facilitando el acceso a la información y la orientación eficaz de pacientes, reduciendo aglomeraciones y la movilidad de casos sospechosos. Además, permitiría a los gobiernos conocer en tiempo real la situación en primera línea.
Otro caso es la gestión del consumo de materiales. Los hospitales de primera línea consumen diariamente grandes cantidades de suministros, por lo que gestionar con precisión inventarios y volúmenes consumidos es clave para prever la demanda. Recientemente, varios medios reportaron que hospitales en Wuhan estimaban sus necesidades mediante cálculos aproximados. Estos métodos anticuados y la falta de datos precisos dificultan una gestión eficiente. Con blockchain, eventos como la recepción de suministros y las cantidades retiradas se registrarían en la cadena, ofreciendo una visión integral del consumo. Si todos los hospitales de una región se integran en una blockchain de consorcio, los responsables dispondrían de datos precisos y globales, cruciales para distribuir recursos limitados según las necesidades reales.
Podría surgir la preocupación de que, durante una epidemia, ya se requieren importantes recursos humanos y materiales, y que construir una red nacional unificada demandaría personal adicional para registrar datos en la cadena. En realidad, la blockchain puede integrarse con sistemas existentes, registrando datos automáticamente mientras se cumplen otras funciones operativas.
Ante una epidemia, todos deseamos superarla cuanto antes y minimizar las pérdidas. Los problemas actuales —métodos anticuados de recopilación de datos, falta de actualización oportuna y distribución ineficiente de suministros— revelan la necesidad de herramientas tecnológicas más potentes para la gobernanza. Ciertamente, toda nueva tecnología tiene un ámbito específico de aplicación: no debe ignorarse, pero tampoco sobreestimarse; y, sobre todo, la actualización tecnológica nunca debe sustituir reformas estructurales profundas. Solo mediante un uso inteligente de la tecnología podremos maximizar su impacto y eficacia.
