El 31 de diciembre de 2019, Sun Yuchen, fundador de TRON, cerró el año con una última adquisición: la plataforma de streaming descentralizada DLive se incorporó oficialmente al ecosistema BitTorrent e inició su migración a la red TRON. Al integrar DLive —lanzada en 2018 y con más de 5 millones de usuarios activos mensuales—, Sun Yuchen declaró que su objetivo era «crear valor para todos». Sin embargo, apenas quince días antes, este influyente personaje de las redes sociales había sufrido un revés en Weibo: su cuenta, con más de un millón de seguidores, fue suspendida sin previo aviso. Tras intentar sin éxito contactar con el soporte oficial, no le quedó más remedio que trasladar su actividad a Twitter.
El 25 de diciembre de 2019, Alex Saunders, fundador del medio cripto «Juejin News», no estaba de humor para celebrar la Navidad. Ese día descubrió que YouTube había eliminado más de 50 vídeos de su canal personal, etiquetándolos como «contenido perjudicial o peligroso». Para evitar más bajas, Saunders configuró inmediatamente el resto de sus vídeos como privados y contactó con el equipo de YouTube, pero no obtuvo respuesta. La situación, lejos de mejorar, empeoró: siguieron desapareciendo vídeos, dejándolo en una situación de total desamparo. En Twitter expresó su desesperación: acababa de contratar a nuevos empleados y su familia dependía económicamente de él, pero ante las continuas eliminaciones, no tenía ningún canal efectivo para apelar.
Sometidos a un entorno regulatorio cada vez más estricto, los profesionales del mundo cripto —aún sin un reconocimiento formal— atravesaron un 2019 particularmente complicado. Por un lado, sufrían el estigma y un clima profesional envenenado por actores malintencionados; por otro, vivían con el temor constante de ser expulsados de las grandes plataformas tecnológicas, perdiendo así su último espacio de visibilidad.
Romper este círculo vicioso se antojaba una tarea titánica.
01
La arrogancia y los prejuicios de los gigantes tecnológicos
Como le ocurrió a Alex Saunders, otros creadores de contenido también vieron cómo sus vídeos desaparecían de YouTube: el divulgador canadiense de Bitcoin BTCSessions, el analista Sunny Decreate, el programador Ivan on Tech, el educador Omar Bham o Michael «Boxming» Gu, fundador de un medio cripto, entre otros. Todos, sin excepción, creaban contenido relacionado con criptomonedas.
La eliminación de cientos de vídeos conmocionó a la comunidad. Lo que resultó aún más inaceptable para los creadores no fue solo la purga masiva, sino recibir severas advertencias de YouTube indicando que cualquier nuevo contenido similar conllevaría la suspensión permanente de sus cuentas. La mayoría de los vídeos borrados —al igual que los de Juejin News— fueron marcados como «contenido perjudicial o peligroso».
A medida que la polémica ganaba espacio en los medios y generaba acalorados debates en Twitter, YouTube, incapaz de soportar la presión pública, finalmente emitió un comunicado: «Todos los vídeos afectados en este incidente fueron eliminados por error; serán restaurados en su totalidad y no se aplicará ninguna sanción a los canales implicados.»
El 27 de diciembre, Alex Saunders confirmó que sus más de 250 vídeos habían sido restaurados, aunque ningún responsable se puso en contacto con él para explicar lo sucedido. Aunque solo fue una falsa alarma, quedó al descubierto una profunda y creciente crisis de confianza.
Como subsidiaria de Google, YouTube refleja, en cierta medida, la postura del gigante tecnológico hacia el sector. Hasta Vitalik Buterin, fundador de Ethereum, sugirió que podría haber una influencia tácita de Google detrás de lo ocurrido en YouTube.
Curiosamente, ese mismo 27 de diciembre, MetaMask —la cartera de criptoactivos— tuiteó que Google había retirado su aplicación para Android de Google Play, alegando que violaba su política de servicios financieros, concretamente la cláusula que «prohíbe aplicaciones que minen criptomonedas directamente en el dispositivo». El equipo de MetaMask presentó una apelación inmediata solicitando una revisión, pero fue rechazada al instante.
Ante esto, Dan Findlay, desarrollador principal de MetaMask, declaró: «Espero sinceramente que los revisores de Google reconozcan abiertamente su error. Sin embargo, teniendo en cuenta también la reciente purga de contenido cripto en YouTube, me siento profundamente insatisfecho con la política de Google hacia las criptomonedas. Si seguimos cediendo sistemáticamente ante prácticas arbitrarias basadas en el monopolio, será extremadamente difícil construir algo mejor.»
Retirada de MetaMask de Google Play Store
No era la primera vez que MetaMask sufría una retirada por parte de Google. Ya el 25 de julio de 2018, su extensión para navegadores fue eliminada de la Chrome Web Store. Aunque tras una investigación fue rápidamente reinstalada, el equipo de MetaMask señaló que no recibieron ninguna notificación durante el proceso, y la explicación de Google se limitó a un escueto «error accidental».
La historia tiende a repetirse con una similitud pasmosa: tras múltiples «errores accidentales» se esconde, en realidad, la arrogancia y los prejuicios de Google.
Y no es solo Google: Apple también vigila de cerca. El 9 de agosto de 2018, la App Store de Apple eliminó de golpe más de 20.000 aplicaciones; entre las afectadas había varias relacionadas con cripto, incluyendo múltiples carteras digitales. Dos meses antes, Apple ya había actualizado los términos de la App Store relativos a las criptomonedas, restringiendo explícitamente el desarrollo de aplicaciones para carteras, exchanges, minería y Ofertas Iniciales de Moneda (ICO).
Estas restricciones son especialmente severas en la versión china de la App Store: incluso cumpliendo todos los requisitos al pie de la letra, la probabilidad de rechazo es muy alta. Como consecuencia, muchos desarrolladores han recurrido a versiones «empresariales» o a la plataforma de pruebas «TestFlight» para eludir la revisión de Apple. Sin embargo, al carecer de canales oficiales de distribución, estas alternativas generan graves problemas de experiencia de usuario, como «pérdida de firma», «cierres inesperados» o «expiración de la aplicación».
El 28 de diciembre de 2019, Brian Armstrong, CEO de Coinbase, publicó en Reddit que Apple estaba eliminando la funcionalidad de navegación de DApps (aplicaciones descentralizadas) de su App Store. Para «cumplir con las políticas», la cartera móvil Coinbase Wallet eliminaría dicho navegador. En paralelo, el proveedor multiplataforma TokenPocket ya había retirado antes esta función de su aplicación para iOS.
02
Jack Dorsey y su iniciativa “Bluesky”
Como CEO de Twitter y entusiasta experimentado de Bitcoin, Jack Dorsey probablemente comprende mejor que nadie el significado fundamental de la blockchain y las criptomonedas. Al frente de Twitter, ha experimentado en primera persona las limitaciones de un modelo excesivamente centralizado.
El 11 de diciembre, Dorsey publicó varios tuits consecutivos anunciando su decisión de financiar un pequeño equipo independiente de cinco personas —arquitectos, ingenieros y diseñadores de software de código abierto— para explorar estándares abiertos y descentralizados para las redes sociales. El objetivo final es que el propio Twitter pueda beneficiarse directamente de este trabajo.
En sus tuits, Dorsey señaló los desafíos críticos a los que se enfrentan las redes sociales: primero, el modelo «centralizado» es incapaz de resolver eficazmente problemas como la desinformación sin imponer cargas adicionales a los usuarios; segundo, han abandonado su función básica de permitir publicar o eliminar contenidos, sustituyéndola por sistemas de «recomendación inteligente» que los usuarios deben aceptar pasivamente; tercero, suelen incentivar contenidos controvertidos o violentos en lugar de fomentar información positiva; finalmente, destacó que la tecnología blockchain ofrece una solución abierta, sostenible y gobernable, incluso con incentivos tokenizados, y que aunque queda mucho trabajo, el marco general ya está definido.
Según Dorsey, se trata de una transformación radical «de cero a uno» en el ámbito social. Twitter no pretende controlar el proyecto, sino ser un participante activo más, con el fin de acceder a una base de usuarios más amplia y reorientar sus algoritmos hacia contenidos positivos. Este proyecto utópico recibió el nombre de «Bluesky» (Cielo Azul).
Tras el anuncio, la iniciativa generó un amplio debate. Numerosos profesionales de internet expresaron su apoyo. Entre los líderes de opinión del sector cripto, figuras como Vitalik Buterin (Ethereum), Brendan Blumer (block.one), Zhao Changpeng (Binance), Sun Yuchen (TRON), Anthony Pompliano (Morgan Creek Capital) y Charles Hoskinson (Cardano) manifestaron públicamente su respaldo.
Anthony Pompliano calificó el proyecto como «extraordinario» y destacó que Dorsey tiene precisamente la reputación necesaria para impulsarlo con éxito.
Brendan Blumer, CEO de block.one, señaló que la red social descentralizada VOICE —basada en EOSIO— lleva tiempo en desarrollo y expresó su interés en colaborar con el equipo de Bluesky.
Brian Armstrong, CEO de Coinbase, se mostró satisfecho con la decisión de Twitter de invertir en protocolos en lugar de en plataformas. Aunque desarrollar protocolos es complejo, estos ofrecen ventajas innegables en uso razonable, fomento de conductas positivas y reducción de barreras de entrada.
El apoyo no solo vino del sector cripto. Expertos de ámbitos tradicionales también ofrecieron su asesoramiento. El equipo de Firefox se mostró dispuesto a colaborar, recordando sus 15 años de inversión en un internet libre y abierto. Neha Narula, directora de investigación en cripto del MIT, entregó a Dorsey un informe de cien páginas titulado «Cómo construir una red social descentralizada». Tim Pastoor, fundador de la startup de identidad digital 2way, comparó la iniciativa de Dorsey con la financiación que AT&T otorgó a los Laboratorios Bell en 1947, lo que condujo a inventos como el transistor, el LED y la célula solar.
El amplio respaldo a Jack Dorsey revela, en el fondo, un profundo descontento acumulado frente a las prácticas arbitrarias de los gigantes tecnológicos y su constante vulneración de los intereses de los usuarios, así como una necesidad colectiva urgente de cambiar las reglas del juego. Cuando el desequilibrio entre derechos y obligaciones se hace insoportable, partir de cero y reconstruir se convierte en un camino inevitable e irreprochable.
03
La batalla por abrirse paso del mundo cripto
El equipo Bluesky de Jack Dorsey está a punto de comenzar, pero la exploración de las redes sociales descentralizadas lleva años en marcha.
Ya en 2011, Bill Ottman creó Minds, una red social descentralizada de código abierto con el objetivo de ofrecer una alternativa gratuita, abierta y sostenible a Facebook. Esta visión coincide notablemente con la de Dorsey. Minds se compromete con la transparencia, la protección de la privacidad y la libertad de expresión. En ella, cualquier persona puede crear y gestionar libremente sus datos y perfil. Según Ottman, los sistemas de código abierto terminarán siendo el estándar dominante —como ocurrió con Wikipedia—. Y cuando los gobiernos ejerzan controles estrictos sobre la opinión pública, Minds podrá convertirse en el último refugio para los usuarios.
Red social descentralizada Steemit
Steemit, lanzada en 2016, es posiblemente la plataforma de redes sociales basada en blockchain más popular. A diferencia de Minds —impulsada por la libertad de expresión—, Steemit es una red social movida por la economía de las criptomonedas. Su lema oficial, «Escribir bien genera ganancias», recuerda a los usuarios que las ideas brillantes pueden transformarse en valor tangible.
En Steemit, los usuarios pueden publicar cualquier contenido sin riesgo de eliminación. No obstante, la plataforma cuenta con su propio mecanismo de moderación para limitar el contenido basura en la portada. Si la mayoría vota en contra de una publicación, la «reputación» del autor disminuye. Publicar contenido basura de forma sistemática puede llevar a la «quiebra de reputación»: aunque el autor conserve el derecho a publicar, nadie verá sus contenidos.
Más allá de las plataformas de texto e imágenes, DTube intenta construir un sitio de vídeo descentralizado usando blockchain. Al igual que Steemit, utiliza el sistema de incentivos cripto de la cadena Steem; para el almacenamiento de archivos, recurre al sistema descentralizado IPFS.
Como otras redes descentralizadas, DTube aspira a crear una red de valor resistente a la censura, transparente y sin permisos. En DTube no ocurrirá lo de YouTube: los creadores no verán sus vídeos borrados arbitrariamente. Podrán concentrarse en su trabajo sin tener que dedicar energía constante a cumplir normativas impuestas por plataformas centralizadas.
Y no solo avanzan las plataformas consolidadas; surgen proyectos nuevos continuamente. El 1 de junio de 2019, durante el evento «june1» de block.one —empresa matriz de la blockchain EOS—, se anunció el próximo lanzamiento de Voice, una nueva plataforma social descentralizada. Además de las características típicas, Voice introduce el concepto de «Renta Básica Universal (UBI)», ayudando a que cada persona haga oír su voz en la blockchain.
Aunque la exploración de plataformas descentralizadas parece haber alcanzado una fase incipiente, internamente persisten numerosos problemas.
Bajo el modelo de incentivos económicos cripto, la motivación para crear contenido deja de ser pura: proliferan los plagios, las reescrituras y los contenidos repetitivos, y prácticas como el «voto falso» frustran a los creadores originales. La ausencia de controles efectivos permite el abuso de contenido pornográfico, violento o publicitario, obligando a los equipos a destinar grandes recursos a la moderación. Además, al estar construidas sobre blockchain, sus primeros usuarios suelen ser profesionales del sector, lo que provoca una sobrerrepresentación de contenido técnico frente a temas humanísticos, artísticos o cotidianos. La alta barrera de entrada y la curva de aprendizaje dificultan enormemente el crecimiento de la base de usuarios, impidiendo el desarrollo de interacciones sociales auténticas.
Sea como sea, la marea del cambio ya ha llegado, y el avance tecnológico ofrece más opciones que nunca. ¿Podrá la industria cripto romper las cadenas del mundo tradicional? El tiempo y muchas pruebas futuras lo dirán.
